Es inevitable recordarla cuando todo me recuerda a "ella" incluso aquella que busqué como sustituto de una ansiedad no calmada, pienso en ella como desde la primera vez que la vi, sentada en aquella banca tan ocupada en sus pensamientos y tan ajena de mi y mis carencias, no dudé en presentarme ante ella con mis mejores cartas que en aquel tiempo solo redundaban en viejas cualidades mal entendidas, la conquisté con mi inevitable sinceridad, intentando mostrarme seguro me traicionaban las piernas que me temblaban al verla y sentirla cerca (aun guarda ese efecto en mi), esos grandes ojos hermosos que me desnudaban todas las verdades existentes fueron y serán siempre mi debilidad, sin decir nada la mirada me callaba, enmudecía sin remedio y, debo decirlo, con cierto placer. Besarla, besas esos labios perfectos e inmutables fue lo más parecido a morir, descansar mi beso ansioso en sus labios carnosos y jóvenes fue mi deseo obsesivo desde el primer momento que me permitió un céntimo de cercanía, porque ella era así ( o aún lo es, ¿que se yo?) con la cualidad de una diva de antaño, despreocupada de su entorno, radiante per se, hermosa desde siempre, quizás es el amor que aun le profeso, el que se expresa por mi, pero no tengo temor de equivocarme al describirla, porque aún si estuviera equivocado mi descripción estaría bastante cercana a lo correcto, lo sé porque mi objetividad no se ve afectada por nada, incluyendo la superlativa admiración que le profeso, porque supe, desde la primer mirada suya que ella no sería de mi ni de nadie, me apasioné de sus pasiones, amé con franca locura e inconsciencia sus costumbres y manías, desde su música hasta las expresiones cotidianas, que por cotidianas las amé más aún, porque uno no ama lo extraordinario, o al menos, no de una forma tan objetiva, como lo perfectamente ordinario y trivial, así pues me encontré yo amándola (aún aquí, en este rincón de soledad al que me he conminado como una especie de auto flagelamiento) aun después de que sus hirientes palabras certeras cual dagas envenenadas le dijeron a mi razón, que no a mi corazón, que yo era demasiado poco (en ese entonces lo era) para sus aspiraciones, y a final de cuentas quien soy yo para truncar sueños, es verdad que en mi periodo depresivo (el cual he aprendido a manejar de mejor manera) perdí unos cuantos "amigos" y un mucho de cordura, que a decir verdad agradezco, no era para nada un "don nadie" es verdad que el rumbo de mi vida lo había perdido intencionalmente, y me enfrasqué el la búsqueda de mis verdades, porque todo el mundo tenemos derecho de buscar en nuestros adentros para buscar lo que nos hace feliz o de menos no tan infelices, y descubrí o más bien reconocí que mis placeres distaban de los de ella y no me importó, en ese entonces me volví actor de cine y teatro, director de cine, escritor de novelas mundialmente reconocidas, acudí a reuniones literarias bastante aburridas y burgueses enteramente disfrutadas por mi, debatiendo sobre la insatisfacción permanente del hombre o la inutilidad de la existencia, disertamos acaloradamente de la fragilidad emocional del ser humano que sucumbe ante la menor provocación de sus más básicos instintos, en fin, me construí una vida, una historia alejada de realidades que me parecían absurdas, y ella no supo ser paciente o tolerante, o simplemente no supo ser para mi, porque ahora se que si bien no era yo para ella, ella tampoco era para mi, el tiempo coincidente nos jugó una hermosa broma que hoy he traído a mi memoria como excusa de una vieja canción que me la recordó.
