viernes, 5 de julio de 2013

La condición humana.

Por Jorge Arturo Hernández

El propósito del hombre es ser quien se está destinado a ser, bueno o malo, inmoral o no, a final de cuentas ¿quien pone los limites entre estos?

Las personas han convivido piel con piel con sus ansias de poder, desde los inicios de la historia misma, desde antes que las sociedades enteras se formaran, antes incluso de aquello que la historia es incapaz de recordar.

Aprendieron a controlarse por principio fundamental a sí mismos, (por ende el egoísmo es una cualidad implícita del ser) sus funciones corporales, sus habilidades y capacidades en general y en lo particular, y de ahí se desprende la diferencia básica, el dictador o tirano, y el esclavo o víctima.

Desde esos primeros tiempos el hombre ya podía y sería capaz de diferenciar sus capacidades individuales, y sus mayores atributos, de los cuales, siempre la inteligencia era el más preciado, una inteligencia no pueril, activa, resolutiva, pero lamentablemente poco servil, poco funcional en un estrato social tan precario, existen tiranos tan diversos como la diversidad de la mente, que incluso aun ahora, no terminamos por entender, los más peligrosos son los cínicos, los que reconocen las debilidades del resto, y las usan en su contra, los que hablan con mentiras, y las dicen como si fueran la más profunda verdad, los mismos que al terminar del día pueden hasta descansar mejor, sintiéndose humilde, sin remordimiento de conciencia, sin sentir culpa alguna, pues ¿quien puede sentir culpa por ser astuto? la arrogancia imperante resulta de la extrema confianza en si mismos, pero siempre los delata sus ansias de poder, querer llegar más lejos de lo que son capaces de manejar, comienzan a aspirar demasiado, hasta darse cuenta que ya no hay mas, que ya se acabó, que el sentido de la vida no pende del árbol de la abundancia artificial, que la existencia del ser humano está supeditada a los límites que él mismo se imponga; Podrán aceptarse defectos y dejar de darle peso a las virtudes para que ese tirano se convierta en un líder, y sea capaz de hacer lo que se tiene que hacer, para que la historia no se repita, para que al fin, después de tanto tiempo de preguntarse por el sentido de la vida, de querer entenderla pieza por pieza, entienda que la mayor cualidad que posee es ser quien se debe ser, si se reconocen cualidades so pesándolas objetivamente con los defectos, obteniendo un razonamiento lógico, la personalidad resultante será positiva.

Pero hablemos igual de los esclavos o víctimas, por lo general son la parte fallida del sistema o sociedad, personas con inteligencia muchas veces superior a sus dictadores, pero con el carácter débil o de menos indiferente, esa es su mayor enfermedad, la indiferencia, eso los hace vulnerables al subyugo, permanecen ignorantes de lo que sucede más allá de su mundo personal, sumergidos en instrumentos de distracción mediática permanecen inmutables, sin lograr percibir que se dirigen a su decadencia, por decir menos, a su mediocridad, y no lo notarán, eso es lo interesante, lo tragicómico -cualquier espectador de todo esto pensaría que es hilarante ver como la angosta franja que divide la mediocridad de la realización, o el éxito, es enteramente personal-.

Los esclavos débiles son aquellos que saben lo que se tiene que hacer, pero deciden no hacerlo por ser incapaces de mantenerse estables, es decir, sienten miedo de sus propias cualidades, las tienen, pero el contexto social los ha empujado a mantenerse callados, evitando problemas, sobrellevando las cosas, saben y reconocen perfectamente lo que está bien y está mal, son conscientes de sus actos, pero su naturaleza poco bélica e introvertida (perfil medio o bajo) les conmina a ser como son,

Pueden cambiar evidentemente, sólo un poco de convicción, liberarse de complejos, creer en si mismos y se obtendrá un potencial líder, que aún le faltaría recorrer, algo así como lo que Carl Jung describe como el viaje del héroe, una especie de transformación interna e individual, reconociendo sus igualdades, dudará, todas las veces, se preguntará si la decisión tomada fue la adecuada, sufrirá el efecto de conocer personas que no compartan su punto de vista y las enfrentará, tendrá que reafirmarse a cada instante, así logrará la estabilidad, misma que le permitirá a largo plazo dominar situaciones aún más críticas, pero al final del camino, cuando ya todo parezca cumplido, se presentará la oportunidad de ser un cínico más y esa decisión solo dependerá de su propia sabiduría.

Ambos, tirano y esclavo, dictador y víctima, son capaces de ser líderes, como hemos visto, en ambos casos la inteligencia juega el rol principal, es la cualidad que los une y a su vez los distingue, mientras el tirano sólo piensa con egoísmo, la víctima lo hace en un sentido de pluralidad, conociendo entonces su filosofía, el primero, que defiende (sin saberlo quizá) que la existencia gira en torno suyo y sus deseos, que nada de lo que hace es en beneficio de nadie, toda obra, incluso las que considera "benéficas" han sido en realidad expiaciones de culpas no reconocidas, lavabos morales,  cuando en realidad sólo son cloacas de la culpabilidad, esto puede ser consciente pero la mayoría de las veces es inconsciente, el individuo no reconoce que sólo es esclavo de sus propios deseos, carece de ese sentido, el del razonamiento profundo, por ende, al igual que la víctima, el tirano no se da cuenta que vive en su pequeña esfera de confort, la inteligencia de la víctima esta en pro de sus sensibilidades, de su capacidad de empatía, de su cordialidad, al servicio de los demás, dejando, la mayoría de las veces sus deseos personales al margen de los deseos de la colectividad, cree en la justicia social, y sacrifica su bien personal para el bien común.

Sin embargo y antes de adentrarnos en la filosofía del débil, considero prudente mencionar a otro tipo de rol social, el cual me parece resultante de lo anteriormente expuesto, de las diversas interrelaciones posibles, de aquí surgen: los cómicos (cómico en el sentido exquisito de su significado) que si bien podrían considerarse una especie de cínicos, y poco les falta para dicha categoría, en realidad sólo son espectadores de avanzada, individuos de gran inteligencia, recolectores de información, están pendientes de las evoluciones humanas, de los cambios sociales, intercambian puntos de vista, pero también intercambian cultura, entonces ellos, son los que se acercan más a entender la realidad, los une un pensamiento profundo, ven las cosas con objetividad, sin el pálido rostro del falso optimismo, tienen una gran sensibilidad y sentido de la apreciación, y  han sido privilegiados con la curiosidad eterna de lo posible. Son optimistas, pero sin esas cualidades pretenciosas y de mal gusto que se les atribuyen, sino más bien se trata de un optimismo objetivo, real, tangible, y por ende manejable y modificable, de acuerdo con la adquisición de sabiduría adicional, el hombre nunca deja de aprender, incluso en las situaciones que se presenten cuesta arriba, entonces, al aprendizaje se le debe dar mayor peso que a la esperanza, finalmente ésta no es más que una prolongación de la angustia hasta niveles insufribles, el aprender es no morir, permanecer, ellos buscan la inmortalidad mediante la trascendencia, muchos lo han conseguido, algunos otros en vías de, pero los más,  permanecen en un intento sobrehumano de hacerlo, capaz de matarlos con el mismo orgullo como si hubieran conseguido su objetivo. 

La finalidad de éstos será la trascendencia, en cualquiera de sus apreciaciones posibles, social, cultural, personal, profesional, la riqueza de espíritu, imposible de juzgar desde un punto de vista práctico, se tiene que analizar y entender, entendiendo también el contexto implícito, cada quien decide la prioridad en su vida, es el libre albedrío (segunda cualidad humana) y como tal se debe respetar. 

La filosofía de la víctima, muchas veces coincide (sin saberlo o quererlo) con la filosofía del absurdo, la vida carente de sentido, es percibida con entera complacencia, comprenderá perfectamente su rol, se someterá en afán de sus deseos personales (nótese que el egoísmo es una cualidad compartida) y muchas veces los conseguirá, de maneras alternas pero funcionales. Al carecer de la comprensión del sinsentido de su vida, es incapaz de aspirar, y así, sin aspiraciones, es cuando comienza el proceso de la muerte, podría sonar cruel, pero ¿qué no lo es?. Estas mismas aspiraciones, y su propio cese, serán y siempre serán personales (volvemos al planteamiento del libre albedrio), cuando el hombre deja de aspirar da un paso grande hacia su muerte, entonces debemos entender que cada quien decide cuando quiere empezar a morir.

Lo que coincide en los dos, aparte de el egoísmo, y el libre albedrío, y que la inteligencia se tenga como cualidad principal, es la completa equidad que existe entre ambos. Lo que irremediablemente nos invita a refugiarnos en esa palabra que considero ominosa y que he descrito como la prolongación infinita de una angustia insufrible.

NOTA:
Este es un breve ensayo sobre mi punto de vista de la condición humana, basado en observaciones y experiencias personales, e influenciado evidentemente por los pensadores que leo actualmente. 
La finalidad simplemente es expresar mis pensamientos, cumpliendo con mi propia condición humana. 









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